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El intento de vender Isla Catalina


Apenas era un mozalbete trabajando en Protocolo del Palacio Nacional, cuando un día, por el año de 1987, me corresponde recibir unos inversionistas turísticos, junto al entonces Secretario de Estado de Turismo, quienes iban a visitar al Presidente Joaquín Balaguer.

Entré antes que los visitantes al Despacho del Presidente para primero ubicar  al gobernante en el sofá y luego hacer pasar la visita. Permanecí como de costumbre en el Antedespacho esperando el final de la reunión.

Cuando se están despidiendo me llaman para que entre y los conduzca fuera de la sala. Pero me percato que el secretario no salió con ellos y me devuelvo solo a preguntar si se iba con ellos o se quedaba.


Al entrar de nuevo al Despacho escucho al presidente Balaguer en tono airado diciéndole al secretario: “Eso es imposible, imposible. Es un pecado de lesa patria. Usted no puede permitir que eso suceda. Usted es responsable de que no ocurra. Son insaciables y antihistóricos”.

Ante esa situación yo me dispongo a salir, pero el general me hace una seña de que no me mueva, para que la puerta no sonara. Yo estaba con medio cuerpo dentro a la entrada de la puerta.

En eso el secretario le responde: “Señor Presidente, aquí tengo en mis manos las autorizaciones firmadas por el poder ejecutivo, sin mi conocimiento”.

El presidente volvió a increparle que eso era “imposible. Nadie puede enajenar una isla. Eso es inconstitucional. Vaya y resuelva eso”. A lo que el secretario le reveló, más “colorao” que nunca, “Presidente, perdone, pero es aquí que hay que resolverlo, el funcionario que está haciendo toda la documentación trabaja con usted aquí en Palacio”. Y le dijo quién era, dándole copia de los documentos.

El presidente quedó muy enojado y el secretario se marchó muy nervioso por el impasse, incluso le tuve que pedir que se sentara un momento y buscarle agua.

Se trataba del intento de otorgar en usufructo la isla Catalina por un período de 50 años a una compañía de inversionistas extranjeros, pero a Balaguer se le había vendido la idea de que era para la construcción de unos hoteles en la zona.

Catalina es una de las islas adyacentes de la Republica Dominicana, ubicada en el mar Caribe, en el sureste del país, apenas a unos 2.4 km de la costa de La Romana, con una superficie aproximada de 9,6 km2. En el siglo XVI fue guarida de piratas, en donde se asentó el famoso pirata inglés William Kidd y sus secuaces para desde allí divisar los barcos españoles para asaltarles y robarles las mercancías.

Gracias a la valentía y honestidad de ese funcionario no se realizó esa operación. Luego me correspondió trabajar directamente con él y ahí completé la información de lo que pasó ese día.

Todos los protagonistas de ese momento han fallecido, pero es justo reconocer que ese ministro era Fernando Rainieri Marranzini. Por su integridad no se hizo ese espurio negocio.


Fuente: Listín Diario

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